A nadie en su sano juicio se le ocurriría soltar un superdeportivo rojo bajito en medio de un templo antiguo iluminado con antorchas ardientes, pero esa misma lógica absurda es lo que hace que Temple Racing en Woko Games enganche de una forma tan extraña.
Desde el menú principal puedes elegir entre tres dificultades: Easy, Normal o Hard. Subir el nivel no solo hace que el coche corra más, sino que apaga las luces por completo, pasando de la claridad del día a una noche cerrada donde esquivar peligros se vuelve una pesadilla. Ya en la pista, la cámara se coloca pegada al parachoques trasero de tu bólido rojo mientras aceleras por un pasillo de piedra estrechísimo. El objetivo no tiene rodeos: pisar a fondo, esquivar cajas de madera y evitar estamparte de frente contra los troncos gigantes que crecen en mitad del camino. Tu velocímetro sube sin parar en la parte trasera del coche, mientras arriba se registran los tramos superados.
Lo que más pica de este juego es lo angosto que se siente el trazado con esos muros de piedra pegados a los laterales. Vas a toda velocidad, así que un simple volantazo de más raspará la pintura contra la pared o incrustará el morro contra un árbol antes de que puedas reaccionar. El problema empeora en Hard, donde el fuego de las antorchas apenas alumbra lo que tienes delante y terminas comiéndote el tronco cuando ya lo tienes encima del parabrisas.
Parece un juego retro tosco a primera vista, pero ponerte al volante te dejará las manos sudando en segundos, así que entra a ver si aguantas la carrera nocturna o terminas destrozando el coche en la primera curva.







